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viernes, 7 de diciembre de 2007

Visto en... Colombia

Con esta entrada queremos dar inicio a una serie de artículos que recojan, desde las distintas citas del calendario escrabblístico, muestras de todo aquello que nos haya podido parecer especialmente curioso, gracioso, amable... digno de mención en definitiva.

La ocasión en Colombia fue magnífica para nosotros este año, pues tuvimos la suerte de poder hacer turismo por ocho días, más allá de la estancia mundialista propiamente dicha. Y fue mucho lo que nos llevamos de Cartagena, San Bernardo y Bogotá. Demasiado en la retina para contarlo todo sin hastiar, pero tal vez sí interesante para presentarlo en este pequeño anecdotario.

Cualquier "visto en..." que queráis compartir con nosotros, ya sea en relación a este XI Mundial de Bogotá, a vuestras experiencias en Colombia o a curiosidades vividas en cualquier otro torneo... ¡¡¡los esperamos!!!


CARTAGENA

¡Dios mío, qué humedad! Llegados de bajo cero del "Charles de Gaulle" de París, a la misma salida del avión en Cartagena, las gafas se empañaban al primer parpadeo.

Cartagena, la "Reina de las Indias", Patrimonio cultural de la Humanidad desde 1984, es una impresionante fortaleza bañada por el Caribe. Hay que pasear sus calles llenas de vida, a pie o en coche de caballos, admirar su arquitectura colonial y, por supuesto, disfrutar del calor y el ritmo caribeño de una chiva rumbera, tomando aguardiente y acompañando a las maracas a los músicos que amenizan el paseo al tiempo que disfrutamos de las vistas.

Jóvenes bailarines, negros y esculturales, pasando de la cumbia y el vallenato al ritmo convulsivo del
mapalé sobre la piedra centenaria de la muralla cartagenera, todo un espectáculo para la vista y los corazones.

Si hay posibilidades, una estancia en
Casa el Carretero, preciosa construcción de aire colonial en pleno corazón de la ciudad no puede pasarse por alto. Todo un lujo la mojarra con patacón que preparó Katrina, acompañado de un jugo de guanábana, cocinado con toda la humildad para la mayor satisfacción de los paladares más exigentes.


ISLA PALMA

Todo un lujo haber podido disfrutar unos días de ese entorno natural maravilloso, en el cual, aun con la presencia del Decamerón, uno siente la fuerza y la tranquilidad del bello caribe colombiano. El hotel, perfectamente integrado en su entorno, toda una maravilla, con sus estructuras y decoraciones en mangle, su variadísima oferta de ocio y su apuesta por un turismo basado en el descanso y el disfrute de la naturaleza.

La isla, un paraíso natural de suaves playas a un lado y frondosos manglares a otro, a través de los cuales pudimos seguir una espectacular ruta guiada. Inolvidable haber conocido a Camila y Fiona, las delfines de Isla Palma, las tres variedades de mangle de la isla, los flamencos, pelícanos, avestruces, guacamayos y paraguayos, pavos reales y guineanos... las ardillas, los monos, haciendo mil monerías, cada uno las propias de su raza, los cangrejos también en sus distintas especies, los tiburones gato, el cocodrilo... el museo del mar, el paseo de los túneles-acuario, la casa del pirata y la casa del árbol...

Y, cómo no, el paseo en barca con Domingo alrededor de la isla, 10 km de placer a golpe de palada de rama de mangle de ese viejo y gracioso bribón, seco como un palo pero con brazos tenaces y curtidos. Uno de los primeros habitantes de la isla, venido en su juventud para llevar cultivos y “adoptado” posteriormente por el Decamerón. Cuando viaja a su pueblo, simplemente le pone una vela a su desvencijada barca y lo lleva la brisa.

El mundo es un pañuelo. Recuerdos para mi querida Ainhoatxu (algún día nos conoceremos en persona... ¡vuelve a asistir a un torneo!) de su amiga y la que fue su canguro, la Charito. Y que nos tengamos que encontrar con ella (y descubrir que “te” tenemos en común) en una pequeña isla caribeña a casi 8000 km de casa...


XI MUNDIAL – BOGOTÁ 2007

Impagable haber podido presenciar la alegría (emoción, risas, lágrimas, brincos, gritos, abrazos) de Niria Fela al clasificar al Mundial, así como la sonrisa emocionada (en comparación a lo de Niria, toda emoción resulta mucho más contenida) de mi querida Violeta Verde. Sin precio tampoco la explosión de júbilo de Emma Morris al superar el objetivo que se había planteado (9 victorias en su debut): “¡¡¡I’m the queen of the world!!!”, gritaba como loca, estrellando sus brazos victoriosos en el cielo y corriendo emocionada a abrazarse a sus compañeros de selección.

La felicidad de tantísimos y tan buenos debutantes como ha habido en esta edición mundialista, su alegría por el simple hecho de sentarse a combatir en representación de sus delegaciones. Y, en lo personal (y en esto cada uno tenemos nuestras satisfacciones), me quedo con el resultado del nuevo aspirante a todo, “Mr. Duplicado” Picciochi, con la fabulosa actuación de nuestros cuatro debutantes (¡tremendo, Álvaro, Ivette, Juan Carlos, Eu!) y, cómo no, con la alegría de haber salido vapuleado de la “partida del amor” que tuve ocasión de disfrutar en ronda 11 – mesa 5 (corazones en la planilla de juego incluidos) y la satisfacción de haber tenido a la señora SCRA defendiendo el co-liderato en mesa uno a sólo cuatro rondas del final y de ese muy meritorio 14º lugar.

Qué decir del cariño, el calor, el cuidado en los detalles y la animación volcados por Scrabble Colombia al completo... Imposible haberlo hecho mejor. La mayor de las felicitaciones y todo el agradecimiento. Irrepetibles las sesiones de cumbia, rumba y vallenato, el “cien letras y un mantel” y el paseo en chiva por la noche bogotana (y esos adelantamientos “chiva contra chiva”, con intercambio de fotos, gritos y bebidas a través de sus barandas), rematado con esa parada bailongo-gastronómica en la azotea de la ciudad, desaforada bacanal de la fraternidad, el baile, el amor y la palabra.

Los cientos de partidas jugados en vestíbulos y habitaciones. Esta locura no tiene fin. Hasta el martes hubo reunión internacional de juego en el cuartel general de Scrabble Colombia. ¡Viva el Scrabble! ¡Vívalo en Bogotá!

Y, en lo personal, la satisfacción de haber asistido como veedor en la final, de pareja con mi querida Diana Perozo y acompañando a “Airán el terrible”. Antológico el momento en el que éste empieza a maldecir por un error en el recuento de fichas y se arranca la gorra de la cabeza de un manotazo (eso sí, siempre con una sonrisa y con la confianza de jugar contra su amigo Benjamín).


BOGOTÁ

No hubo tiempo para mucho, pero es realmente de impresión el verde municipio de
Zipaquirá y sobrecogedora, imponente la Catedral de sal. Visitando los enlaces, sobran las palabras. Nunca lo olvidaré.

A la vuelta a la urbe, uno no puede dejar pasar la ocasión (especialmente los estómagos aguerridos) de meterse entre pecho y espalda una
bandeja paisa (o media si eres más moderado), acompañada de un buen aguardiente antioqueño.

Cuando uno piensa en una ciudad de ocho millones de habitantes, no puede imaginar encontrarse en esa jungla con un barrio tan bonito, colorido, entrañable, diverso como el de
la Candelaria. Jamás pensé tener que verme en Bogotá con una pareja de madrileños (Carlos y Clara, bogotana de cepa ella), jugando al sapo en una tienda (como se llama allí a los bares) mientras comía delicioso pastel de yuca con ají acompañando de una fresca Club Colombia.

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